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Platón

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Platón. (Fragmento de una obra de Rafael a inicios del siglo XVI).

Platón fue un filósofo griego nacido en Atenas (428 a. C - 347 o 348 a. C.), discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles. Es autor de los diálogos La República, Fedón, Pedro, Gorgias, Critón, entre otros. Enseñó y expuso su pensamiento en los jardines de Academos, Atenas. Su filosofía sostiene que la verdad inmutable y universal está en las ideas y que, de ellas, la idea del Bien prima ante las demás.

Vida[editar | editar código]

Proveniente de una familia de nobleza antigua, a los veinte años estableció contacto con Sócrates y fue discípulo hasta 399 a. C., año del suicidio del maestro. Momentáneamente se retiró de la práctica activa para reflexionar sobre la constitución del Estado y los modos de mejorar la vida política ya que, según su percepción, había sido debilitada por los sofistas. El proceso y condena de Sócrates era la prueba más contundente que ofrecía al respecto.

Obras[editar | editar código]

Platón y Aristóteles. Escultura de mármol de de la torre del campanario de Florencia (1437-1439).
(Museo dell'Opera del Duomo).

Se considera que la obra de Platón está completamente conservada, incluso varios fragmentos de sus enseñanzas orales transmitidas a su discípulo Aristóteles, aunque lo argumentado en las transcripciones no resulta del todo coherente con las ideas de sus textos.

El diálogo fue el género predominante de sus trabajos y puede clasificarse en tres grupos: primeramente los diálogos socráticos y el método mayeútico, posteriormente los diálogos de madurez y finalmente los diálogos de vejez. Apología de Sócrates y Critón son los diálogos socráticos en el que desarrolla el proceso y la muerte de Sócrates, mientras que en Hipias Menor, Cármides, Laques, Lisis, Eutifrón, Gorgias, Menón, Cratillo, Eutidemo y Menexemo expone el método mayéutico. Los diálogos de madurez constituyen sus más logradas obras porque se analizan los temas que más le ocuparon. La teoría de las ideas, la inmortalidad del alma, el amor ideal y la ciudad perfecta fueron tratados en El Banquete, Fedrón, La República y Fedro. Por último, en los diálogos de vejez expone en Timeo su cosmología, en Teeteto, Parménides, El Sofista y Filebo somete a revisión su teoría de las ideas, en El Político y Las Leyes (obra inconclusa) su teoría política, y en Critias y Cartas son tratadas consideraciones variadas.

La República.
Portada de la edición de 1713 de la obra de Platón.

Platón desarrolló su obra en plena crisis política de Atenas, entre la guerra del Peloponeso y la derrota con Esparta, en la democracia que siguió a los treinta tiranos y que condenó al suicidio de Sócrates. El relativismo ético de los sofistas y el debate sobre la convencionalidad o naturalidad de la ley dominaron el pensamiento en detrimento de los tradicionales valores religiosos y morales de los atenienses. En sus obras Platón ensayó respuestas para estas cuestiones. Defiende a Sócrates; desarrolla la teoría de las ideas en la que sostiene que hay valores y virtudes en sí, a pesar de toda convencionalidad; considera a la justicia como fundamento del orden social y político; idealiza al amor; presenta la figura del filósofo, crítico con la sociedad, sin mezquindades y preparado para la muerte, como único modelo capaz de regir la polis; y procura un prototipo de ciudad perfecta.

Pensamiento político[editar | editar código]

Platón exponiendo sus ideas en los jardines de Academos, Atenas.

En La República Platón expone los fundamentos de su pensamiento político. A través de un modelo de sociedad utópica explica que la estructura del Estado debe corresponderse con la conformación del alma. Distingue en todo Estado tres clases, cada una identificada con una parte del alma: los gobernantes, en conformidad con el alma racional; los guardianes auxiliares, encargados de la defensa del Estado, correspondientes al alma irascible; y los productores, en consonancia con el alma concupiscible. Cada grupo, además, ha de desarrollar una virtud que referirá con su parte del alma: prudencia en los gobernantes, fortaleza en los guardianes auxiliares y templanza en los productores.

Dos razones argumenta Platón para que cada grupo se desenvuelva de acuerdo a su función y virtud. Una es de carácter práctico, ya que si cada integrante dedica su atención a aquello para lo que ha sido preparado se obtendrán mejores resultados; y la otra, de índole teórica, ya que la armonía será posible si las funciones de cada uno están claramente definidas. En consecuencia, para Platón la justicia social consiste en la realización de las funciones de cada grupo, y que cada grupo social actúe conforme con la virtud que le es propia.

Estatua en homenaje a Platón, Academia de Atenas.

El modelo político contiene también dos prescripciones fundamentales. Platón afirma que los gobernantes han de ser sabios, porque la justicia se consigue, como las demás ideas, de la idea del Bien, alcanzada solamente por aquellos que hayan ascendido a las ideas superiores; y una vez que el sabio posea el poder deberán abolirse las leyes ya que su capacidad le permitirá decidir adecuadamente en el momento oportuno, porque conoce el concepto de justicia.

Una posible finalidad del Estado, según Platón, es la educación de los ciudadanos en la justicia y la virtud como medios factibles para alcanzar la felicidad. Con esa finalidad diseñó un sistema educativo de dos etapas. En la primera, una educación obligatoria, común a todos, hasta los veinte años, que comprendería la música, para permitir el control sobre las partes inferiores del alma, y la gimnasia, para el control del resto del cuerpo. La segunda, destinada solamente a los futuros gobernantes, entre los veinte y los treinta y cinco años, a la que se accedería por sorteo. Esta etapa debería constar de dos períodos; en la primera, el aprendizaje de las matemáticas, y en la segunda, la dialéctica o conocimiento de las ideas superiores.

Platón postuló la igualdad entre hombres y mujeres para acceder a cualquier posición social. Asimismo, para evitar que el egoísmo y la ambición conlleve a la tiranía planteó que los gobernantes y guardianes auxiliares no posean propiedad privada ni familia. Sin embargo, en escritos posteriores a La República, como Las Leyes y El Político, renunció a estas propuestas utópicas. En esos trabajos afirma que resultaría poco probable lograr sabios a través de sorteos. En esa dificultad para hallar personas idóneas para gobernar la polis considera necesaria la mantención de las leyes.

A pesar de sus cambios de ideas, Platón mantuvo dos afirmaciones: la razón ha de ser la que gobierne, y la educación es el único medio que posibilita la justicia y, en consecuencia, la felicidad.

Referencias[editar | editar código]

  • Lettieri, Alberto (2002). Política y Sociedad: pensamiento clásico. Buenos Aires. Ediciones del Signo. pp. 9-10. ISBN 987-1074-01-8.
  • Diccionario enciclopédico Pequeño Larousse en color. Volumen 3: Historia y Geografía. p. 1408. ISBN 2-03-020553-2.