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Acueducto de Segovia
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El Acueducto de Segovia es un acueducto romano construido en tiempos del emperador Adriano, a principios del siglo II d.C. Servía para traer agua desde el manantial de la Fuenfría, a unos 15 kilómetros de la antigua ciudad romana de Segovia.
Todas las ciudades romanas de cierta importancia tenían un suministro constante de agua de buena calidad, a menudo traída desde muy lejos a través de acueductos. Las ciudades romanas necesitaban agua para muchas cosas: para las fuentes, para las termas, para limpiar las letrinas, para las casas (en algunas había incluso agua corriente, algo que en muchos lugares de España no ha vuelto a existir hasta el siglo XX).
En tiempos de los romanos, construir un acueducto era una tarea muy compleja que exigía muchos conocimientos de ingeniería, para calcular, por ejemplo, la inclinación que debía tener el canal (llamado caja) por el que discurría el agua a lo largo de muchos kilómetros, sin que circulara a demasiada velocidad y se desbordara o destruyera la propia construcción del acueducto.
También era necesario disponer de muchos medios económicos, porque era una obra de ingeniería que exigía la participación de muchos trabajadores y materiales. Además, se deterioraba con el tiempo (el agua va dejando residuos de cal que van cerrando la caja y le impiden que circule adecuadamente), por lo que había que repararlo con frecuencia. Este tipo de construcciones solo podían llevarlas a cabo un estado poderoso económicamente, bien organizado y muy desarrollado científicamente, como el romano.
Existía una placa clavada en la estructura en la que aparecía el nombre del ciudadano de la Segovia romana que pagó la construcción del acueducto. Al parecer, no habría sido necesario construir los arcos para conseguir que el agua pasara por esta zona (los ingenieros romanos conocían otras soluciones técnicas mucho más baratas e igualmente satisfactorias), pero este ciudadano prefirió gastar mucho de su dinero para construir una estructura tan espectacular como la que hoy conocemos, con la única intención de poder grabar su nombre en una placa conmemorativa y ser recordado durante siglos por sus vecinos y sus descendientes.
Es decir, el acueducto de Segovia no era necesario, pero se construyó por razones de prestigio personal. Esta práctica era muy común entre los ciudadanos más prominentes de Roma, que daban mucha importancia a la fama personal.
El acueducto tiene dos filas de arcos de granito superpuestos. La parte más visible mide unos 800 metros, y atraviesa la ciudad. Fue destruido en la Edad Media y reconstruido por los Reyes Católicos en el siglo XV. Ha funcionado como acueducto hasta 1973.